Viendo el conflicto creado con la Chonchi, entre León y Castilla, conflicto nuevo que nunca habíamos oído, ha resurgido en mí el orgullo de ser Castellano y Rancio. Pues sí, esas nieblas de 7 días sin ver el sol que nutren nuestros huesos, ese calor de 43º curtiendo la piel, ese frío de -10º que te hace pensar en por qué no adoptaremos al vodka en lugar del pucelito y lorenzito, esa estepa árida que llena nuestros ojos (de tierra, claro) y esa sinceridad femenina en nuestros rituales amorosos ("
¡¡aparta, coño!!"), nos dan ese toque rancio, amistoso y jovial que todo el mundo desea tener.
Y para que veáis que esto no es nuevo, que rancios llevamos siendo muchas generaciones, que a pesar de la llegada de gente de otros lares, seguimos manteniendonos firmes, os adjunto un cuadro llamado "
Un castellano rancio", del pintor Ramón Parada Justel, de finales del siglo XIX:
Es verle a él y ver a cualquiera de nosotros cualquier día en el puerta....
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